Muerte de periodistas: Una tragedia sin fin Primer día del 2008.

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Primera víctima en Latinoamérica
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Boletín FEPALC

A pocas horas de conocerse un documento de denuncia de la Federación Internacional de Periodistas (FIP) sobre la muerte en el año 2007 de periodistas y trabajadores de los medios de comunicación, al que califica como "una tragedia sin fin", en el primer día del 2008 América Latina ya recogía su primera víctima.

Se trata de José Fernando González , de 35 años, director de la emisora de Radio FM Mega 92.7, en la ciudad de Santa Bárbara , Trinidad, ubicada a unos 150 kilómetros al noroeste de Tegucigalpa, Honduras

José Fernando González (Gentileza diario “El Tiempo” de Honduras)

Sus asesinos, tres en total, llegaron en un automóvil, sin placa identificatoria, e ingresaron violentamente a la emisora en la tarde del 1º de enero, donde ultimaron a González al inferirle varios balazos en la cabeza, espalda y abdomen.

González, incursionó en la radio desde los diez años, trabajando junto con su padre en una emisora del municipio cafetalero de Santa Bárbara, y desde entonces comenzó una carrera promisoria en la comunicación radial de ese país.

El comunicador victimado trabajó luego en emisoras de San Pedro Sula, entre ellas, El Mundo y también en varias estaciones de radio de los Estados Unidos, desde donde ayudaba solidariamente a los artistas y periodistas hondureños cuando éstos llegaban a ese país por razones laborales

En el 2002, radicado de nuevo en Santa Bárbara, adquirió relieve entre los periodistas y comunicadores por su ferviente defensa de Honduras y su gente, que en gran número lo acompañó en el traslado final hasta el cementerio triniteño.

Los párrocos de Trinidad, Mario Adin Cruz y Pedro Lorente, oficiaron la eucaristía y, desde su púlpito, exhortaron a las autoridades a esclarecer el crimen y a la sociedad a volverse a Dios, “para frenar la cultura de la muerte y violencia en Honduras”. José Fernando González tenía planificado casarse en mayo próximo con su novia, Claudia Castillo.

La Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (FEPALC), afiliada a la FIP, acompañó a los familiares de José Fernando, a los religiosos, a sus compañeros de trabajo y a su organización afiliada, el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Prensa y Similares de Honduras (SITINPRES), en los reclamos de justicia por el asesinato del comunicador, que el crimen sea esclarecido y sus asesinos encarcelados.

El informe de la FIP

Desde Bruselas, la Federación Internacional de Periodistas, FIP, alertó sobre la violencia contra periodistas que, durante el 2007, alcanzó niveles históricos, por tercer año consecutivo, con 171 muertes registradas, cifra levemente inferior a la del año pasado.

Los conflictos en Irak, Pakistán y Somalia han sido los más peligrosos para los periodistas, durante este año que finaliza. Allí se ratificaron las altas cifras de trabajadores de medios muertos y, por lo tanto, la tragedia sin fin para la comunidad periodística.

En el 2006, la FIP confirmó la muerte de 177 periodistas y trabajadores de medios. En el 2007 fue un poco menos mortal para la prensa, con 171 muertes. Las cifras fueron recopiladas en cooperación con el Instituto Internacional para la Seguridad de la Prensa, INSI.

"La violencia contra los periodistas continúa con registros históricos, por tercer año consecutivo", destacó el Presidente de la FIP, Jim Boumelha. "La ola de ataques contra nuestros colegas, marca una crisis de tragedias humanas y agresiones incesantes contra la libertad de prensa".

Boumelha hizo un llamado a una mayor acción de la comunidad internacional para enfrentar la impunidad, y eliminar el miedo y peligro en el ejercicio del periodismo. "Nuestros colegas fueron declarados objetivo, debido a su labor informativa: murieron cubriendo hechos peligrosos y perdieron la vida en el afán de cubrir historias de último momento," dijo.

Aunque se registraron más muertes accidentales en el 2007, la FIP indica que la amenaza de ser declarado objetivo militar y los peligros para los trabajadores de medios continúan dramáticamente, particularmente en zonas de conflicto. Siguió en ascenso el alto registro de periodistas muertos en Irak y varios casos fueron reportados en Somalia y Afganistán. Por otra parte, disturbios en Sri Lanka y Pakistán cobraron la vida de varios colegas.

En África, los ataques violentos contra reporteros no han cesado y la brutal represión contra la libertad de expresión en Eritrea, significó la muerte de dos periodistas.

El cubrimiento del narcotráfico o temas relacionados, causó otro alto índice de muertes en México. En América Latina los periodistas fueron asesinados, básicamente, por informar sobre mafias de drogas y políticos corruptos.

"Como ahora es costumbre, los trabajadores de medios en mayor peligro, son los que laboran en su propio país", señaló Boumelha. "La violencia contra la prensa es más evidente en países donde la situación política es inestable. No es una coincidencia que países como Somalia y Pakistán sean los dos más peligrosos del año para el periodismo".

La FIP coordina el conteo de víctimas con el Instituto Internacional para la Seguridad de la Prensa, INSI, e incluye a los casos de periodistas muertos debido a su labor informativa, asesinados de manera premeditada ó durante el desarrollo de su labor. El informe también contiene los casos de comunicadores que perdieron la vida en accidentes mientras se dirigían a cubrir una historia o se alejaban del lugar de los hechos.

En Irak, el país más peligroso para los periodistas, desde la invasión de EEUU en el 2003, 65 periodistas y trabajadores de medios murieron este año. De los colegas que perdieron su vida, todos, a excepción de uno, eran periodistas locales.

El informe completo de la FIP, con detalles de cada caso, será presentado a mediados de enero basado en avances y conclusiones de investigaciones.

La investigación de la Federación deja en claro que los periodistas nacionales son los más vulnerables a los ataques. En la gran mayoría de los casos, los trabajadores de medios que trabajaban para medios nacionales o regionales, perdieron la vida en sus propias comunidades.