El fútbol y la política son dos esferas que han sabido vivir mejor separadas, sin embargo Sankt Pauli logró conciliarlas con virtuosismo
El pasado 12 de mayo Sankt Pauli no jugó un partido más. Se enfrentaba por la anteúltima fecha de la 2.Bundesliga, segunda división del fútbol alemán, al Osnabrück, el último equipo de la tabla. Lo que a priori parecía un partido fácil no se vio reflejado en el ambiente del Millerntor-Stadion, casa del equipo de fútbol desde 1962, antes de iniciar el partido, donde se sintió una tensión máxima. Es que, después de 32 fechas, el equipo hamburgués tenía la posibilidad de lograr el ascenso directo a la Bundesliga, la máxima categoría. Sin embargo, al minuto siete de partido Oladapo Afoyalan, jugador de los piratas, recibió un pase de su compañero Lars Ritzka y solo tuvo que empujarla para marcar el primer gol y desatar la alegría de los hinchas de St. Pauli que hacia el final del partido invadieron la cancha y festejaron junto a los jugadores el ascenso directo a primera, luego de 13 años de ausencia.
El Sankt Pauli es una entidad deportiva fundada un 15 de mayo de 1910 en la ciudad de Hamburgo, al norte de Alemania, por trabajadores portuarios, estibadores y marineros mercantes que comerciaban a las orillas del Río Elbe. Por este motivo se ganaron el mote de “piratas” y la hinchada adoptó como símbolo de identificación el clásico dibujo de la calavera con dos tibias cruzadas en forma de cruz. También allí radica la razón del color marrón en su camiseta, que era el predominante en la vestimenta de esos marineros. Lleva el nombre del distrito en el que fue fundado y donde se encuentra el estadio de su equipo de fútbol: el Millerntor.
Si uno recorre las tribunas del estadio, se va a encontrar con distintos murales que decoran sus paredes. Pero hay uno que ha resaltado entre ellos por su calidad artística y la sorpresa que genera verlo en un ambiente como el del fútbol: al ingreso de una de las tribunas se puede ver la imagen de dos hombres besándose apasionadamente bajo el lema “Lo único que importa es el amor”. Es que, una de las banderas que enarbola con orgullo el club es la de la diversidad sexual.
En 2009 se votó en la asamblea de socios del St. Pauli una carta de principios fundamentales mediante la cual el club se definía como antirracista, antifascista y antihomofobico. Esa carta consta de 15 principios que van desde cuestiones sociopolíticas hasta las reglas para los patrocinadores del club. En un partido del equipo se pueden ver banderas y pegatinas con la cara del Che Guevara.
Para Zar, estudiante alemana de 21 años e hincha desde la infancia del club, el St. Pauli es "más que un equipo de futbol, es una gran comunidad con una clara posición política en contra de la discriminación. Eso lo hace algo muy fuerte y mágico”. Su padre la llevó al Millerntor desde que tenía tres años y si bien hoy en día ya no va a la cancha él sino con sus amigos, le debe el amor que siente por el club.
Vivió la promoción a la primera división con muchísima alegría. “Faltaban diez minutos para que termine el partido y ya había muchos hinchas adentro de la cancha esperando para invadirla”, contó. Después del partido los alrededores del estadio estaban “ardiendo” por los fuegos artificiales y muchos de los jugadores del equipo se sumaron a los festejos con los hinchas. A la semana siguiente se hizo la fiesta oficial y el plantel fue coreado por miles de personas en un escenario sobre la calle. Para Zar va a ser su primera experiencia como hincha en la primera división ya que la última vez que estuvieron en la Bundesliga, en la temporada 2010-11) era una niña y no lo recuerda.
UN PIRATA URUGUAYO
Rodrigo Zalazar, jugador de fútbol uruguayo que milita actualmente en el Sporting Braga de Portugal e hijo del conocido ex futbolista José Luis Zalazar, jugó a préstamo en St Pauli, en la temporada 2020-2021 y se convirtió en el primer uruguayo en vestir los colores de los piratas. En ese período anotó seis goles y brindó cinco asistencias en un total de 36 partidos. “Lo que más me gusta es que en el St. Pauli cualquier persona es bienvenida, sea cual sea su raza, su color o su condición. Eso es lo que más me gusta de este club. Estoy muy contento de estar aquí”, contó Salazar en su momento al medio Migrantes del balón.
DESDE ABAJO
Históricamente, el St. Pauli ha sido un equipo de ascenso. Durante la mayor parte de su existencia, por no decir toda, estuvo compitiendo promociones tanto para ascender de categoría como para no descender. En la primera guerra mundial, el club se vio beneficiado por la desaparición de más de la mitad de los clubes de fútbol que había hasta el momento y logró acceder a la segunda división. Esto le permitiría, en 1919, jugar un año en la primera división donde consiguió un récord negativo: una victoria y 23 derrotas en la temporada.
En los sesenta construyó su estadio al tiempo que se creó la liga nacional: la Bundesliga, por la que luchó para ascender y lo consiguió en la temporada 1977-78, su primera participación. La alegría, nuevamente, duró solo un año: con seis victorias y 18 puntos volvieron a la segunda división. Aunque una de esas victorias fue ni más ni menos que contra el eterno rival, el HSV Hamburgo, por 0 a 2 en lo que fue el primer derbi en la Bundesliga. Para Zar, es el partido más importante y especial. “Cuando vivís acá sos de St Pauli o Hamburgo, no hay alternativa”, sentenció y describió la atmósfera de los clásicos como muy intensa y excitante.
A partir de los ochenta se comienza a gestar la identidad del club como alternativa a la violencia de los hooligans, es decir, a los disturbios, actos vandálicos y peleas entre hinchas; y al nacionalismo presente en otros clubes de fútbol, como por ejemplo en su clásico rival el Hamburgo. El distrito de Sankt Pauli, zona próxima al puerto de Hamburgo y epicentro de la vida nocturna, comenzó a llenarse de personas vinculadas al punk y a los movimientos okupas de ideología izquierdista, anarquista y antifascista. Este contraste con los demás clubes de Alemania le hizo ganar adeptos tanto en el país como fuera de él.
“Lo que diferencia al St Pauli es que los valores se promueven a partir de la institución y no surgen directamente de la hinchada”, explicaron Marcelo Fernández Pavlovich y Claudio Piñeiro, hinchas del St. Pauli e integrantes del fan club del FC St. Pauli Uruguay en una entrevista que les realizó el programa deportivo Zona Mixta, transmitido por Radio Fénix. Su fan club mantiene vínculo directo y es reconocido por el club alemán y es el segundo creado en sudamérica. Cuenta actualmente con diez adeptos que conforman el “núcleo duro” de la asociación y que se juntan regularmente a mirar los partidos del equipo en bares montevideanos como el Clash o La Terna.
LA SALVACIÓN
En los noventa, el club estuvo a la deriva sin proyecto deportivo ni directivo. Cerca de la bancarrota, estuvieron un par de veces al borde de descender a la tercer categoría y solo lograron jugar en la Bundesliga dos temporadas, la 1995-96 donde logran la permanencia in extremis y la 1996-97 en la que descienden como colistas a 13 puntos de la salvación. Sin embargo, a comienzos del siglo XXI regresan a la Bundesliga durante una temporada en la que, como no podía ser de otra forma terminan en el último puesto y descienden a segunda.
Pero la cosa se puso peor: en la temporada 2002-03 descienden de la segunda división a la tercera, lo que sume al club en una grave crisis financiera. La Federación Alemana de Fútbol (DFB) obligó al club a tener una reserva de poco menos de dos millones de euros o le sería denegada la autorización para competir en tercera división. Es en este momento donde asume la presidencia de St. Pauli Cornelius Littmann, empresario teatral, homosexual declarado y militante de la causa LGBT, que implanta “acciones de salvación” con el fin de recaudar fondos. Recién en la temporada 2006-07 volverían a la segunda división tras cuatro años en tercera. En la 2009-10, año de su centenario, logran el ascenso a la Bundesliga, su última participación en la máxima categoría en la que permanecieron, para no perder la costumbre, solo una temporada.
Cuestionados respecto a la posible contradicción entre los valores del club y la comercialización de los valores que promueven a través de productos como camisetas o stickers con la calavera o la cara del Che Guevara, los hinchas uruguayos del St. Pauli respondieron que “son contradicciones que hay que asumir” y que al fin y al cabo si no lo hacen “no compiten porque se vuelve inviable económicamente”.
A pesar de asumir el vínculo entre política y fútbol, aclararon que no se trata de política partidaria, ya que muchos de sus integrantes "votan cosas distintas o no votan", sino de “asumir unos valores mínimos como el antirracismo, antifascismo y antihomofobia” que si bien son históricamente asociados a la izquierda “deberían atravesarnos a todos como sociedad”. De este modo, contaron, reivindican un sentido de la política como “todo lo vinculado a la polis” en la medida en que todos formamos parte de ella, dejando de lado las cuestiones partidarias.
La semana siguiente a asegurarse el ascenso a la Bundesliga, St. Pauli venció 2 a 1 al Wehen Wiesbaden y se consagró campeón de la 2.Bundesliga por segunda vez en su historia. En la temporada 24-25 volverán a competir en primera división con la esperanza de asentarse en la máxima categoría del fútbol alemán y así romper con la maldición que los ha perseguido a lo largo de su historia, del descenso en la temporada posterior a conseguir el ascenso.


