22 de Agosto del 2022
Nancy Banchero
24 años de una muerte que sigue en la nebulosa
Walter Trigo: “Estoy tranquilo con mi negrito chico, hice todo lo que pude por él”
Andrés Trigo
Andrés Trigo
Foto: cedida a Apu.uy por familiares de Andrés

Desde aquel 17 de agosto de 1998, desde ese día, todo cambió en la ciudad de Colonia del Sacramento. Supimos más que nunca que en la ciudad convivíamos con hombres y mujeres que a la vida o a la muerte le ponían precio, que matar era una opción si era necesario para el negocio, y supimos que la policía formaba y forma parte del círculo de delincuencia.
 

Por el periodista Daniel Roselli.

Desde aquella mañana que en la calle Anastasio Sierra había una camioneta mal estacionada, y allí estaba para el asombro y el sufrimiento que aún perdura, el joven Andrés Trigo asesinado por dos disparos en la cabeza, la vida social cambió. La vida y la muerte cambiaron.

Han pasado 24 años desde que le quitaron, le arrebataron la vida y aún no sabemos cuáles fueron las últimas palaras de Andrés.   Sabemos  que Andrés supo cosas, que su ex novia Karina Carro pagó con la  muerte de él, supimos que delincuentes y asesinos venían a traficar a Colonia del Sacramento y que lo hacían con total impunidad. Sabemos mucho, pero aún así, todavía hay puntos que permanecen en la nebulosa donde sus protagonistas son delincuentes y policías.

Han pasado 24 años y aún, todo ese tiempo después, no parece cierto. Fueron tan miserables los que lo hicieron como los que lo pensaron y los que luego lo ensuciaron. Aquellos dos disparos se los pegaron a todos los colonienses; fueron contra la vida, contra la confianza, contra el amor por el otro, fueron y son dos disparos que conmovieron la ciudad.

Vale recordar que a la primera marcha que convocaron los amigos de Andrés, concurrieron 7000 personas en una ciudad que contaba con 20 mil habitantes.
La policía y la justicia cumplieron unos tristes y miserables papeles; el inefable jefe de Policía Pintos Fúnes afirmando que “Andrés andaría en alguna cosa rara”, mientras mandó lavar totalmente la camioneta donde lo mataron y acabó con muchísimas pruebas o afirmando que no había rastros de que hubiera otras personas en la camioneta y sin embargo su papá Walter Trigo al otro día encontró una veintena de colillas de cigarrillos en el lugar. O la primera autopsia que informada falsamente, el comisario Oscar Vila que afirmó que Andrés “posiblemente se suicidó” o el juez letrado Gerardo Siri que dejó irse a la Argentina, a pesar de estar emplazado, al policía Mario Hernández (que era patovica en el boliche Bucaneros donde Andrés trabajaba en la barra) y por 20 años se pidió su extradición y nunca lograron que fuera traído a ser juzgado.
Por ejemplo los testigos eran amenazados, recibían llamados “ojo con lo que vas a decir, porque te puede pasar lo mismo que a Andrés Trigo”.

 

Andrés Trigo antes de su asesinato

El asesinato, la impunidad, las marchas, la injusticia, hicieron que Andrés Trigo se volviera una figura pública, una persona que después de su muerte encarnaba el sentimiento de impotencia y la rebeldía de “no puede ser”.
Pero sin dudas que antes del 17 de agosto de 1998 había un Andrés Trigo, lleno de vida,  con sus 18 años llenos de esperanza y llenos de futuro.
Para reconstruir parte de su historia Portal Apu.uy trae nuevamente al presente una de las cartas que Walter Trigo escribió y donde recordó  que Andrés tenía 6 años cuando se radicó con su familia en Colonia del Sacramento y a  partir de allí ingresó a la Escuela Nº 37 del Real de San Carlos.

Recordando al baby de aquel tiempo al hoy fútbol infantil, Andrés jugó toda su niñez en el Club Otto Wulff y después en el Club San Carlos. A los 16 años comenzó a trabajar con su papá en la distribución de supergas y en esos tiempos tenía relaciones con Karina Carro, una mujer cinco años mayor que él.
El 17 de agosto de 1998 era un lunes y “mi madre cumplía años en Montevideo”, recordó Walter Trigo, “por lo que con mi señora fuimos a la capital el domingo porque el lunes teníamos que trabajar”.

Andrés los domingos de noche también trabajaba en la llamada “vermú”, un baile que se continúa realizando en el Club San Carlos, al cual estaba vinculado como vicepresidente de la comisión de baby fútbol. Todos los fines de semana iba a buscar a los niños a sus casas con nuestra camioneta para llevarlos a la cancha.
“El domingo 16 de agosto de 1998 volvimos de Montevideo en el auto y al poco rato Andrés se fue a trabajar, como todos los domingos, como cantinero en esa reunión bailable. Ese fue el único domingo que la ex novia de Andrés no fue a nuestra casa y también la última vez que vimos con vida a nuestro hijo”.

“En la mañana del lunes 17 me llama mi señora al comercio y me dice que Andrés no había regresado a dormir, me preocupé y le dije que iría al almacén donde su ex novia trabajaba a preguntarle si lo había visto. Karina Carro me aseguró que ella no había salido de su casa, que no lo había visto. Me dirigí entonces a la Seccional 7ª de Policía a preguntar y me respondieron que no me preocupara, que estaría con alguna chica.
Al mediodía, cuando llegué a casa, un primo de mi señora llegó para avisarnos que había visto la camioneta de Andrés en la calle Atanasio Sierra y se puso a llorar. Fui al lugar y encontré a nuestro hijo con dos disparos en la cabeza, sin vida, dentro de la camioneta”.

Después, lo que dijimos

La impunidad, los asesinos entre las sombras, la policía que convertía a la víctima en victimario, las multitudinarias marchas por la ciudad, y la búsqueda inquebrantable de Justicia por parte de su papá Walter Trigo.

Para el final de esta nota, como tantas veces, consultamos a Walter Trigo, quien dijo que “el dolor sigue, el dolor, pero yo estoy tranquilo con mi negrito chico porque yo hice todo lo que pude por él”, nos dijo conmoviendo hasta el más duro.

Trigo dice que aún hoy la gente recuerda y reconoce todo lo que hice, “moví cielo y tierra, logré los dos procesamientos: De Karina Carro y Alejandro Píriz Brum. El comisario Bernal me dijo que podía estar tranquilo por todo lo que había hecho por Andrés, yo le respondí ‘hice lo que cualquier padre’. Y él me dijo, ‘no, mucho más”.


 

Foto de los padres e hija (en primera plana) organizando la primera marcha por el esclarecimiento del asesinato de su hijo, 1998 Colonia del Sacramento - Apu.uy