En el ciclo Diversas, la periodista y escritora española reflexionó sobre el poder político de los testimonios de mujeres, la construcción de una memoria colectiva contra la violencia machista y el rol de las redes como territorio de disputa.
En el marco del ciclo Diversas, organizado por el Espacio Interdisciplinar Territorias, la escritora y periodista española Cristina Fallarás protagonizó una intervención potente, atravesada por la experiencia, la teoría y una interpelación directa al presente.
Desde el inicio, dejó planteado el eje central de su exposición: lo que está ocurriendo no es menor ni coyuntural, sino profundamente histórico. “Estamos haciendo una revolución, compañeras, quizás una de las más importantes de la historia de la humanidad”, afirmó.
Lejos de una exageración, Fallarás sostuvo que esta transformación tiene una característica inédita: por primera vez, las mujeres están narrando su propia experiencia de manera masiva, colectiva y global. “La mitad de la humanidad no estaba relatada. No es que no quisiéramos, es que no nos habían permitido hacerlo”, señaló.
Para Fallarás, el carácter revolucionario del momento actual no radica solo en su alcance, sino en su forma. “Es una revolución hecha con palabras, no con armas, no con fuego y sangre. Y por eso es más difícil de comprender”, explicó.
A diferencia de otras revoluciones históricas, esta no responde a una estructura organizada ni a una dirección central. Surge de manera espontánea y se expande sin necesidad de coordinación. La periodista identificó algunos hitos clave de ese proceso: el Ni Una Menos en Argentina (2015), el MeToo en Estados Unidos (2017) y el movimiento Cuéntalo en España (2018), que ella misma impulsó.
Fue justamente a partir de la sentencia del caso de “La Manada” que lanzó ese hashtag, en respuesta a un fallo judicial que consideró que no había violencia en una violación filmada. “Pensé: ¿por qué no ven violencia? Porque pueden. Porque históricamente no hemos sido nosotras quienes hemos definido qué es la violencia”, planteó.
El poder político del testimonio
Uno de los núcleos más fuertes de su exposición fue el valor del testimonio como herramienta política. Para Fallarás, cada relato individual no es solo una experiencia personal, sino una pieza dentro de una construcción colectiva.
“Cada testimonio es un acto político”, afirmó. Y explicó por qué: al narrarse, las mujeres no solo visibilizan lo vivido, sino que permiten que otras se reconozcan, nombren sus propias experiencias y rompan el aislamiento.
Ese proceso genera lo que definió como una “memoria colectiva” de la violencia machista. “Relatándonos entre todas, mostramos que todas hemos sufrido violencia en mayor o menor medida”, sostuvo.
Además, esos relatos cumplen funciones clave: permiten identificar violencias naturalizadas, eliminar la vergüenza y el miedo, y comprender que situaciones que no eran nombradas como violencia, efectivamente lo son.
Redes sociales: una grieta en el poder
“Nosotras nos convertimos en medios de comunicación”, explicó, pero aclaró que se trata de un modelo distinto: no vertical, sino colectivo.En ese sentido, cuestionó el rol histórico del periodismo. “Los medios no retratan la realidad, la crean”, afirmó. Y agregó que esa construcción dejó sistemáticamente fuera la experiencia de las mujeres.
Las redes, sin embargo, abrieron una posibilidad nueva: permiten narrarse sin necesidad de grandes estructuras ni inversión económica. “No necesitamos montar un gran grupo mediático para contar lo que nos pasa”, señaló.En el tramo final, la periodista se refirió a las reacciones que genera este proceso. Según explicó, el movimiento testimonial ha producido un desplazamiento clave: “El miedo ha cambiado de bando”.
Su intervención dejó una idea clara: el feminismo contemporáneo no solo disputa derechos, sino también sentidos. Quién habla, qué se nombra y qué se reconoce como violencia.
En ese terreno, la palabra —colectiva, persistente y política— se vuelve una herramienta central de transformación.


