17 de Abril del 2021
Alvaro Pan Cruz
La alimentación imprescindible
El hambre, la pandemia vergonzante
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Millones de niños con hambre, toneladas de alimentos desperdiciadas

En nuestra infancia a nadie se le ocurría tirar la comida. Sin embargo la sociedad de consumo ignoró ese postulado ancestral. Es así que el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la organización WRAP (Worldwide Responsible Accredited Production) publicaron el índice de desperdicio de alimentos 2021.

De ese informe surge que unos 931 millones de toneladas de alimentos,  17% del total de alimentos disponibles para los consumidores en 2019, terminaron en los basureros de hogares, minoristas, restaurantes y otros servicios alimentarios. “El peso de esos alimentos equivale aproximadamente a 23 millones de camiones de 40 toneladas completamente cargados, que puestos en fila darían siete vueltas a la Tierra”.

Como dato preocupante surge que, a nivel mundial cada año se desperdician 121 kilos de alimentos por cada consumidor y lo que puede resultar curioso es que no se observan grandes diferencias entre países ricos y en desarrollo. Por ejemplo Nigeria es uno de los países del mundo donde más comida se tira en los hogares con 189 kilos per cápita al año, comparados con los 59 de Estados Unidos. En México se desperdician 94 kilos, en España, 77; y en Colombia, 70.

Un inadecuado conocimiento del manejo de los alimentos lleva a que la mayor parte del desperdicio, un 11%, se produce en los hogares, frente a los servicios de alimentación y los establecimientos minoristas que tiran un 5% y 2%, respectivamente.

La incidencia del efecto invernadero

Es evidente que, con 690 millones de personas afectadas por el hambre en 2019, un número que se espera aumente drásticamente con el COVID-19, y 3000 millones de personas que no pueden pagar una dieta saludable, los consumidores necesitan apoyo para reducir el desperdicio de alimentos en el hogar.

Hay un dato que resulta revelador y es que entre un 8% y un 10%de las emisiones totales de gases de efecto invernadero están asociadas con alimentos que no se consumen, si se toman en cuenta las pérdidas que suceden antes del nivel del consumidor.

Al respecto la directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Inger Andersen, afirma que “disminuir el desperdicio de alimentos reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero y la velocidad de la destrucción de la naturaleza que resulta de la conversión de la tierra y la contaminación. Al mismo tiempo, mejoraría la disponibilidad de alimentos y, por lo tanto, reduciría el hambre y ahorraría dinero en un momento de recesión mundial”.  

Por eso aseguró que, “si queremos tomarnos en serio la lucha contra el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad, la contaminación y los residuos, entonces las empresas, los gobiernos y los ciudadanos de todo el mundo deben hacer su parte para reducir el desperdicio de alimentos”.

¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!! ¡¡Lo juro!! (…) Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII).

Eduardo Galeano