Entre libros y plantas que celosamente protege nos recibe en su casa Myriam Gleijer, la artista de raíces polacas que trae en su ADN la pasión y el amor por el teatro.
El recibimiento fue con una sonrisa protectora y amable, y una frase que asegura el éxito y lo confortable de la entrevista que mantuvimos durante tres horas, aproximadamente. No dejó escapar detalle y para no perder ningún minuto de su relato, poco se le preguntó, lo que interesaba era no romper la magia teatral que surgió en ese encuentro. Como si la entrevista fuera “una entrada al teatro”.
Habló de la primera obra de Bertolt Brecht que se hizo en el Teatro El Galpón y en el Uruguay, con dirección de Atahualpa del Cioppo; de las Tres Hermanas de Antón Chéjov y de un sin fin de obras realizadas en El Galpón, ese espacio que define como su casa.
Es, sin dudarlo, una de las actrices más destacadas del Teatro Independiente, que ha dedicado toda su vida al teatro, ese teatro de lucha y de resistencia, la actriz de Libertad, Libertad, la obra que marcó un hito en la historia del Uruguay por su contenido anti fascista en tiempos de dictadura militar.
Myriam Gleijer hace teatro desde los dieciséis años y no tiene ninguna intención de dejarlo, porque como dijo al despedirse “el teatro nos mantiene vivos y alegres”.
Estudiaba arquitectura, pero había que trabajar y elegir entre la carrera, o seguir con el teatro. “La carrera me hubiera redituado más, pero la pasión por teatro desde niña pudo más conmigo”.
Igualmente proviene de una familia polaca que también realizaba teatro amateur en Polonia.
En el relato de los retazos de su vida cuenta: “primero nació mi hermana Adela que recientemente falleció, luego nací yo. Mi hermana era poeta y recitaba muy bien a los16 años, en esa época conoció a Carlos Brussa”, recuerda.
¿Y como surge el amor por el teatro?
“Yo estaba rodeada de ese ambiente, en aquella época me llevaban al Cine Gran Palace así que la sala de El Galpón la conozco desde que era Cine” recuerda con nostalgia.
“Mi padre escribía muy bien y le gustaba mucho el teatro también, es una vocación familiar porque todos, mi hermana, mi sobrina, mi cuñado Juan M. Tenuta, mi hijo que estudio cine, es una pasión familiar.
La Inteligencia Artificial y las redes.
Respecto a la llegada de la Inteligencia Artificial, y la influencia de las redes en las relaciones sociales “eso es un tema muy serio, pero el teatro esta vivito y coleando, es un acto fermental del hombre y su vínculo con los otros” reflexiona Gleijer.
Y agrega “el teatro habla de conductas humanas y provoca en el público el pensar con la propia cabeza, transformar lo que ve y transformar su propia vida”.
¿Hay un control del pensamiento a través de los medios, y en las relaciones de redes de alguna forma?
“Hay una falta de vinculo, de comunicación, de desarrollo del lenguaje, porque se ha minimizado el mismo, y el teatro, que dicen siempre que va a morir, no murió, ni con el cine, ni murió con la televisión, y esta vivito y coleando”.
La comunicación directa es importante
“Es realmente el vínculo directo entre el público, ojo a ojo entre el público y el actor o actriz. El teatro es lo vivo de la comunicación, el público vibra al mismo tiempo que el actor, que también se transforma. Más allá de las redes sociales, lo importante es el pensamiento crítico”, sintetiza Myriam.
"Qué lindo es ser artista, que lindo el artista que no es el imitador de la vida real..."
Lo que hace que exista y perdure el Teatro Independiente es lo colectivo
“Considero que en el teatro, una de las cosas que es fundamental es el vínculo entre mis pares, por eso es que pertenezco a una Institución Teatral Independiente, lo que importa es el proyecto cultural colectivo y transformado”
Desde el año 1961 que entró a la Escuela del Galpón no se ha ido, y afirma que solo lo hizo cuando estuvo presa en la dictadura junto a su compañero. La obra que protagonizó y su adhesión a la juventud comunista (UJC) le valieron ese encarcelamiento.
“Yo caí presa con mi ex marido, y mis compañeros del teatro El Galpón se fueron a México con una tarea hermosa, recorriendo el mundo, hablando para que cayera la dictadura en Uruguay. Estamos hablando que en esa época había varios países en dictadura” comenta.
Presa en dictadura por Libertad, libertad
En esas paradojas de la vida se pierde obligadamente la libertad por la dictadura cívico-militar por hacer una obra que se titula Libertad, libertad “yo caí por la obra Libertad, libertad primero por el Teatro El Galpón porque cuando salí de la Escuela, esa fue la tercera obra que hice en el año 68, año de Medidas Prontas de Seguridad”.
La obra que se atreve a cantarle a la libertad en tiempos de represión militar
Una obra que se atreve a estrenar justamente cuando se instalan esas medidas prontas de seguridad . “Cuando hicimos Libertad, libertad, se veían las caballadas pasar por la puerta chica del teatro El Galpon en Mercedes y (Juan Carlos) Roxlo. En ese entonces, había grandes manifestaciones por la calle contra las medidas prontas de seguridad, habían matado a estudiantes por luchar por los boletos, y nosotros estábamos hablando de Libertad, algo terrible”, recuerda Gleijer.
“La última versión no la pudimos estrenar en el año 1973, nos dijeron que si la estrenábamos íbamos presos. La hicimos en el 1974 en el exilio, en Venezuela y en Colombia dirigido por el entrañable compañero Cesar Campodónico, actuaban Carlos Banchero, Dardo Delgado y StellaTexeira” relata Myriam.
Gleijer nos sorprende cantando algunas estrofas de la obra Libertad, Libertad
“…quien quiere oír la historia, de la niña de Hiroshima, quien quiere oír la historia de la niña maravilla, y la niña que quedo, con los ojos sin color, hablara sin mirar, hablara sin amar, hablara sin amor…”
Y sigue, “mientras tanto es preciso cantar”.
Aun con persecucion y muerte de los estudiantes en dictadura, había gente que se acercaba al teatro por Libertad, libertad.
Era en épocas oscuras del Uruguay cuando los estudiantes luchaban por el boleto gratuito, esa era su lucha cuando los reprimían y los mataban en la dictadura cívico militar en Uruguay
Tanto marco esa obra que “los estudiantes que manifestaban se escapaban y se metían en la sala y se encontraban con libertad, libertad. Graciela Escuder, que tú le hiciste una entrevista, se anotó en la escuela del Teatro El Galpón a raíz de ver ese espectáculo” cuenta con entusiasmo Gleijer.
¿Que tanto tiene que ver la vida de una descendiente de polacos con la situación de hoy en Palestina?
“Todo tiene que ver porque las épocas de guerra tienen que ver en todo el mundo, yo soy de familia judía, pero realmente esta guerra no me representa. Yo creo que esta masacre que se está viendo es terrible. No me representa y me da mucho dolor, pienso que mucha gente que no viven en Israel no la representa tampoco. Hay que pelear para que vuelva a la paz y a una convivencia como se debe en este mundo”.
Actualmente Myriam sigue actuando y sin ánimo de abandonar, tiene aún muchos proyectos en su mente y trabaja vivazmente por su sensibilidad de actriz para materializarse luego en la escena.
En estos momentos está en cartel la Obra Dos en punto en el Teatro El Galpón, y que tanto tiene que ver con las mujeres, la salud mental y la sobrevivencia en un mundo hostil y oscuro, en medio del miedo y la represión.
“Estas mujeres de la obra, que fingen locura, también sobreviven; la locura como un medio para poder sobrevivir a tal tragedia, y el tema de la salud mental en estos países y en estos momentos es tan importante, tan importante”, afirma.
“Pienso que la obra tiene que ver con muchas de estas cosas. Y algunos vecinos le pasan comida y ellas después de un tiempo de estar encerradas haciéndose las locas para que no las lleven presas, terminan, creo yo, quedando alienadas”, explica Gleijer.
Mujeres que salen a caminar a las dos en punto por las calles de España vestidas de colores, en tiempos de paletas oscuras y grises, como una forma de rebeldía, “como su hermano y sus padres le decían que de noche no hay que salir en esa época, ellas salen con colores rojos, amarillos, verdes, como una forma de rebeldía, han perdido su juventud y salen a guiñarles a los estudiantes que andan por la calle, por la Alameda”, comenta entre risas Gleijer.
Y finaliza:
“Qué lindo es ser artista, que lindo el artista que no es el imitador de la vida real, sino el que recrea y reinventa esa vida real y reinventa el mundo maravilloso que querría que fuera, aunque no sea”, finaliza.
Acá no nos despedimos, hay más de Myriam Gleijer porque aun el telón no se bajó, y la escena continuará…


