La psicóloga Aitana de los Reyes Gómez expuso sobre el antigitanismo de género, la invisibilización histórica y los prejuicios que atraviesan a las mujeres gitanas, en una charla que puso el foco en lo que no se nombra: una violencia estructural persistente.
En el marco del ciclo “Diversas”, organizado por el Espacio Interdisciplinar Territorias, la psicóloga Aitana de los Reyes Gómez —integrante de la Federación de Asociaciones de Mujeres Gitanas Universitarias (FAKALI)— expuso sobre las múltiples violencias que atraviesan a las mujeres gitanas.
Desde el inicio, marcó un punto clave: la invisibilidad histórica. “Es una historia invisibilizada, silenciada, que no se conoce, que no se estudia en los colegios”, señaló. Esa invisibilización no es casual. Según explicó, el pueblo gitano ha sido objeto de persecución sistemática durante siglos.
“El pueblo gitano cuenta con una trayectoria histórica de persecución con unos proyectos de exterminio y un borrado cultural de la identidad”, afirmó.Lejos de tratarse de hechos aislados, se trata de una estructura histórica: más de 250 leyes antigitanas que buscaban eliminar la diferencia.
Antigitanismo de género: racismo y patriarcado entrelazados
Uno de los conceptos centrales de la exposición fue el antigitanismo de género, entendido como una forma específica de opresión que combina racismo y machismo.“No podemos hablar de mujeres gitanas sin apelar al contexto racista antigitano que nos ha oprimido históricamente”, explicó.
Desde esa perspectiva, cuestionó miradas simplistas que reducen la problemática a desigualdades de género aisladas:“No nos podemos quedar únicamente en las desigualdades de género… hay que tener en cuenta esa mirada interseccional”, sostuvo.
Uno de los momentos centrales de la exposición fue la identificación de los estereotipos que pesan sobre las mujeres gitanas.La idea de que “no se quieren integrar”, que “son más machistas”, que “solo aspiran al matrimonio y la maternidad”, que “no estudian”, “no trabajan” o “viven de ayudas sociales” forman parte de una construcción social profundamente arraigada.
“Estos mensajes cargados de antigitanismo y sexismo van directamente a la interiorización”, explicó. El problema no es solo discursivo: tiene consecuencias concretas. Esto impacta en la autoestima, limita horizontes y dificulta incluso identificar la violencia de género:“Yo creo que solamente puedo ser eso y no concibo otro horizonte”, señaló sobre los efectos psicológicos de estos estereotipos.
Romper la invisibilidad: “lo que no se nombra no existe”
Para Aitana, uno de los principales desafíos es nombrar la realidad específica de las mujeres gitanas.“Minorías étnicas no. Mujeres gitanas. Lo que no se nombra no existe”, afirmó. Esa invisibilización se traduce también en la falta de datos, de políticas específicas y de conocimiento académico. La ausencia de información refuerza el círculo de exclusión y dificulta diseñar respuestas adecuadas.
Otro de los ejes centrales fue la relación con el Estado y las instituciones, atravesada por siglos de persecución.“Hay una relación de desconfianza con la justicia y con las administraciones… porque han intentado exterminarnos”, afirmó.
Esa memoria histórica incide directamente en fenómenos actuales como la infradenuncia de violencia de género.Aitana insistió en que no existe un único perfil de mujer gitana víctima de violencia, pero sí condiciones estructurales que agravan la situación.
“La pobreza, la dependencia económica, los problemas de vivienda… hacen mucho más complejo romper el ciclo de la violencia”, señaló.Además, alertó sobre prácticas inadecuadas en los sistemas de atención:
“Nos encontramos con profesionales que creen que la violencia de género se puede mediar en el ámbito familiar”, advirtió.
La exposición cerró con una idea que sintetiza todo el enfoque: la necesidad de nombrar, visibilizar y construir desde el reconocimiento.En ese sentido, la intervención no solo apuntó a describir una realidad, sino a interpelar miradas, cuestionar prejuicios y abrir un campo de discusión todavía pendiente.


