América Latina y el Caribe enfrentan un contexto económico desafiante. Según el último Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2024 publicado por la CEPAL, la región experimentará un crecimiento limitado de apenas 2,2% en 2024 y 2,4% en 2025.
Estas cifras reflejan un bajo promedio anual de crecimiento del 1% entre 2015 y 2024, consolidando un estancamiento que impacta directamente en el PIB per cápita.
El informe destaca que el crecimiento económico sigue dependiendo principalmente del consumo privado, mientras que la inversión permanece relegada. La región enfrenta dificultades estructurales como baja creación de empleo, informalidad laboral persistente y brechas significativas de género en los mercados de trabajo. Estos factores agravan el estancamiento y limitan el desarrollo inclusivo.
Políticas recomendadas para romper la trampa del bajo crecimiento
La CEPAL propone abordar esta problemática mediante una movilización efectiva de recursos financieros, fortaleciendo las finanzas públicas y adoptando políticas de desarrollo productivo orientadas a la productividad y el empleo de calidad.
José Manuel Salazar-Xirinachs, Secretario Ejecutivo de la CEPAL, subraya la importancia de fortalecer las capacidades técnicas, operativas, políticas y prospectivas (capacidades TOPP) de las instituciones macroeconómicas. También se resalta la necesidad de reformar la arquitectura financiera internacional para facilitar el acceso a recursos.
En este contexto, se enfatiza la implementación de políticas de desarrollo productivo de "nueva generación" para impulsar una transformación económica, priorizando áreas como sostenibilidad ambiental, ciencia, tecnología, innovación y digitalización. La diversificación de las economías y el aprovechamiento de las cadenas de valor mundiales son puntos clave para superar la trampa del bajo crecimiento.
La realidad económica de Uruguay
Uruguay, en este contexto, se presenta como un caso particular. Aunque históricamente ha mostrado estabilidad macroeconómica, enfrenta retos significativos. Por un lado, el país cuenta con fortalezas como instituciones sólidas, un mercado laboral relativamente organizado y avances en innovación tecnológica. Sin embargo, persisten desafíos como un crecimiento económico moderado y una recuperación salarial aún incompleta tras la pandemia de COVID-19.
El cambio de gobierno en Uruguay, tras el balotaje de noviembre, podría influir significativamente en la orientación económica del país. Mientras que sectores empresariales abogan por una flexibilización en las políticas fiscales para fomentar la inversión, los sindicatos han intensificado sus demandas en torno a la recuperación del poder adquisitivo. La central sindical PIT-CNT ha señalado que la pérdida salarial durante la pandemia afecta no solo a los trabajadores, sino también al dinamismo del mercado interno. Este contexto refleja la necesidad de encontrar un equilibrio entre las demandas laborales y los requerimientos de estabilidad fiscal.
El papel del Mercosur en la integración económica regional
El Mercosur, como bloque regional, podría desempeñar un papel crucial en el marco de las recomendaciones de la CEPAL. La integración comercial y productiva entre sus países miembros ofrece oportunidades para dinamizar el crecimiento. Sin embargo, el bloque enfrenta fortalezas y debilidades que deben ser abordadas de manera estratégica.
Entre las fortalezas destacan la existencia de acuerdos de libre comercio intrarregionales, una base productiva complementaria y la posibilidad de posicionar a los países del Mercosur como actores relevantes en las cadenas globales de valor. Además, la cooperación entre sus miembros puede facilitar el acceso a mercados internacionales y potenciar la atracción de inversiones.
Por otro lado, las debilidades incluyen divergencias en las políticas económicas nacionales, falta de coordinación efectiva en áreas clave como innovación tecnológica y sostenibilidad ambiental, y barreras burocráticas que limitan el comercio intrarregional. Asimismo, la ausencia de una estrategia común frente a los desafíos globales, como la transición energética, podría debilitar su impacto en las metas de crecimiento esperadas.
Para abonar a las metas planteadas por la CEPAL, los países miembros, asociados e invitados del Mercosur deberán trabajar en la reducción de asimetrías económicas, el fortalecimiento de la infraestructura regional y la consolidación de políticas conjuntas que impulsen sectores estratégicos como la agroindustria, la tecnología y los servicios.
A la luz de este informe hecho público por la CEPAL, podemos sacar en limpio que el panorama económico de América Latina y el Caribe exige una acción concertada que trascienda las fronteras nacionales. Uruguay, el Mercosur y la región en su conjunto tienen ante sí la oportunidad de implementar políticas transformadoras que no solo impulsen el crecimiento, sino que también garanticen un desarrollo inclusivo y sostenible. La coordinación regional y el fortalecimiento de capacidades internas serán determinantes para superar la trampa del bajo crecimiento y construir un futuro más próspero para todos.
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