01 de Julio del 2021
A.T.S.S.
Recuerdos que no voy a olividar
Historias nuestras Relatos de compañeras y compañeros de BPS en tiempos de Dictadura
José Luis Giménez, Rodolfo Reino ATSS, junio de 2021
Foto: Diego Acevedo

En charla con José Luis Giménez, presidente de ATSS y Rodolfo Reino, ex directivo e integrante del gremio desde las primeras épocas, indagamos un poco en las historias personales de cada uno, que nos fueron contando desde su experiencia los primeros momentos de la Dictadura y como la vivieron como trabajadores del Banco de Previsión Social

Rodolfo Reino: Entré por concurso para el puesto de cadete, como cadete me recorrí todos los diarios.
En el caso mío estábamos trabajando haciendo pegatinas, con afiches mecanografiados. Los estábamos haciendo a una cuadra del Palacio Legislativo y se hizo la tardecita del 27 de junio de 1973.
Venían ecos de que algo iba a pasar, que estaba muy jodida la cosa dentro del Parlamento, y nosotros seguíamos haciendo afiches. En un momento nos dijeron, "Bo, corten y vayan, porque no sabemos que va a ser, incluso dicen que vienen los tanques. Nos parecía un poco increíble para nosotros, si bien yo tenía 18 años , creer que estuvieran los tanques, fuera de toda la represión que había desde el 68 la vi desde el liceo, en el IAVA, ya cuando viene el golpe de Estado fue algo que medio no entendía.
En la mañana, nos levantamos para ir a trabajar y ya estaba en la radio la marcha militar, además era muy raro, porque mezclaban a Los Olimareños también. En todas las radios en Cadena, fueron pasando los comunicados militares y solo había música, no había informativos.
Fuimos caminando al trabajo, en los seguros de DISSE y cerramos las puertas e hicimos un poco lo que se había planteado desde la CNT, que era mantener la Huelga General.
Éramos pocos, unos doce o catorce trabajadores y adoptamos la actitud primera de estar muy comunicados de todo lo que iba resolviendo la CNT, nos quedamos adentro trabajando  y empezamos a llevar  cada uno todos los días comida para hacer como una especie de ocupación y mantenernos juntos y protegidos.
Eran casos muy cómicos y tristes, porque la oficina nuestra estaba en la cuadra antes al Departamento número 2, en la calle Maldonado o el 3 que era de Inteligencia, donde generalmente traían a la gente para torturar y hubo veces que se equivocaban y se metían adentro del local nuestro con  alguien trayéndolo y estábamos nosotros adentro trabajando y cuando entraban se daban cuenta que no era el Departamento 3, salían y se iban para la otra cuadra y se confundían.
Fueron tan rápidos esos días que iban pasando que llegamos al día 9 de julio y en la radio Rúben Castillos decía que a las cinco horas íbamos a ir todos a 18 de Julio. Centralmente a nivel de la CNT nos dieron lugares por donde ir. A las 5 de la tarde tenemos que ir a 18 de Julio

Yo me paré en 18 de Julio y Río Branco y estaba todo lleno, mirabas hacia la plaza del entrevero y estaba lleno de gente. Nos quedamos ahí y lo primero que hicieron fue mandar un camello, que eran unos coches verdes con escaloncitos con militares adentro, lo metieron adentro de toda la gente que se estaba manifestando, los tipos agarrados de los fusiles que no sabían qué hacer, los escupían, les movían  el coche, pasaron por entre medio y se fueron. Después de eso, largaron el lanza agua, que entre medio de toda la gente les movían el coche y era como una carroza de carnaval, se movía para todos lados, mojaron a alguien, pero nada especial. La tercera que mandaron , ya ahí había empezado la represión, son los famosos roperos , por ambos lados de la Avenida con las puertas abiertas y tirando gases lacrimógenos, yo cuando voy viendo que la cosa se ponía brava, en esa esquina que era El Popular, me quedé como en la entradita de la galería y pasan los locos con la puerta abierta de los roperos y disparando hacia la gente.

Disparaban, no eran gases, los gases ya habían pasado.

En la Plaza del Entrevero estaban los milicos del ejército, los de verde con fusiles y tanques y a caballo.
Entraban a las galerías y los caballos se resbalaban, entraban con el sable a reprimir. En el bar Rex, entraban con los caballos a sacar a la gente. La gente entraba para protegerse. Nunca supimos los que murieron y había mucha gente lastimada.
Esa movilización era el eje del levantamiento de alguna manera del Paro,  que si bien estuvo cuestionado, algunos sindicatos planteaban continuar, se había visto que había mucha represión , yo entendí, si bien era muy joven, que no era tanto el aguantar el paro, sino que se estaban llevando compañeros. Se los estaban llevando y estaban desapareciendo. Por más que los llevaran al Cilindro, o al Departamento 3 o 6, nunca se sabía que podía pasar con los compañeros.

Para nosotros era un agujero negro.

De ahí, la vuelta de la oficina, hizo que se supiera un poco más de la gente y de ahí en adelante, se padecieron diferentes "cánceres". Hubo uruguayos que estuvieron en las cárceles, otros estuvieron en el exilio y yo creo que los quedábamos acá, que no fuimos presos, éramos presos en nuestras casas. Éramos perseguidos, empezaron a eliminar los discos, los libros, se seguían haciendo allanamientos y entraba a las casas como pericos, de noche, de día, a la hora que fuera.
José Luis Giménez: Ese día estaban transmitiendo en vivo desde el Parlamente, escuchamos los discursos de Vasconcellos, de Wilson, el del Toba, Michelini, hasta ahí, ahí se cortó todo.
Yo no participé mucho, aparte, yo trabajaba en el Ejército, Departamento de Estudios del Ejército, hacíamos los libros, la revista "El Soldado", no me olvido, en la Semana de Lavalleja, empezamos a sentir gritos. El edificio tenía tres pisos. Dependíamos de un coronel, Fernández y de un mayor. Nosotros íbamos a transcribir las cartas al Archivo General de la Nación, a Colonia y a Maldonado y cuando empezamos a sentir los gritos empezamos a preguntar qué era, que pasaba, y descubrimos, en un momento dado apretamos al mayor y nos enteramos que habían llevado al Departamento de Inteligencia al segundo piso y lo que estaban entrando eran gurises, chiquilines de quince, dieciseis años, hasta que dijimos: o se van o nos vamos todos. Y ahí se volvieron a llevar al Esmaco.
Es como dice Rodolfo, fue un verdadero caos.
A mí me hicieron un allanamiento en la casa de mis padres. Voy a contar una historia antes. Yo todos los días me iba del trabajo a La Colorada y tenía que pasar el Pantanoso en el 133.
Cuando pasábamos, hacían bajar a todo el mundo, jamás saqué el carnet militar. Todo el mundo me decía, porque no lo sacás. Yo les decía no, si nos bajan a todos bajo yo.
El día que hacen el allanamiento, a las 6 y media de la mañana en la casa de mi padre, mi padre me despierta y me dice: tranquilo, dijo quedate tranquilo. Teníamos dos militares apuntándonos con fusiles, fue cuando descubrieron la Tatucera en la colorada que había sobre camino Sanguinetti. Y mi padre trabajaba en una estancia y la casa estaba a varias cuadras del camino. Cuando me hacen levantar, van a mi biblioteca y miran y me dicen, yo tenía libros del Che Guevara, pero tenía un libro de Batlle y Ordóñez, un libro de Herrera, digo porque al estar trabajando en historia me iban interesando los libros  y leía de todo. Lo primero que me dice el alférez: No, usted, como va a tener un libro del Che. Me mataron ese día, porque, no me rompieron ningún libro ni se llevaron ninguno, pero vieron el carnet militar arriba de la mesita de luz y el alférez me dijo: ¿Porqué no se identificó? 

Yo entré en el año 78 a BPS. Dejé todo, me fui a Buenos Aires en plena dictadura, me fui para allá, estuve dos años y medio o tres, volví y ahí entré al BPS.

Hubo dos épocas en la Dictadura. La primera que cuenta Rodolfo, que fue la peor y la más dramática.
Yo vi tirarse, en el Palacio Legislativo, a gente del FUSNA en camionetas a más de 50 km. por hora y caer a todos arrodillados apuntando.

Yo que era militar lo sabía, a la gente del FUSNA la llevaban a la escollera y la tiraban para adentro con todo el equipo para luego salir. Y después  me contaron la historia de que les daban un perro y que a los tres meses había que matarlo. Era gente que estaba preparada realmente para utilizar la violencia de cualquier tipo de forma.
Rodolfo: El sindicato se forma en Dictadura, nosotros nos acogemos al Estatuto de Bolentini, que para reflotar una figura democrática, hacen que se restituya a los Sindicatos, con un estatuto que tenía que ver más con un club deportivo que con un Sindicato. Y a partir de esa historia se da el como nos juntamos, como tratamos de traer a los compañeros para armar algo.
Antiguamente nos reuníamos en otros Sindicatos y luego, al caer la Dictadura nos entregan el local.
Me llaman un día, un militar, Altamirano, que era director, porque me dicen que tenía letra B. Y me dijeron, si no hacés nada no hay problema, pero si vemos que hacés algo sindicalmente, sabés que te vas pa afuera.
José: Hubo también otra etapa anterior, que algunos la vivimos. Yo tuve la mala suerte de ir al Bauzá nuevo. Estaba instaurada la JUP (Juventud Uruguaya de a Pie). No me olvido nunca del manco Ulises.  Meterte con ellos era como meterte con el diablo. Había enfrentamientos entre el 16 y el Bauzá nuevo, tenías que andar cuidándote porque venían las famosas "chanchitas", cargaban a todos y a los integrantes de la JUP los dejaban salir a las 3 cuadras y a todos los del 16 los tenían adentro.  Bueno, gente del 16 fue acribillada cuando iban saliendo fue un fusilamiento.

Rodolfo: Yo estaba en el Zorrilla nocturno, era uno de los liceos fuertes, con el Damáso y alguno más. Nos llegaba la JUP y cerrábamos todo el liceo, con bancos y entraban a los pistolazos.
El día que yo me casaba, que fue en la noche, todos los compañeros, amigos nuestros fueron al casamiento, entró al Zorrilla la JUP, con la policía atrás y se llevaron a todos presos al Cilindro, todos los que estuvieron en el casamiento mío se salvaron.
Ahí en el Zorrilla tuvimos una experiencia, un muchacho que trabajó para la policía, que estaba entre los jóvenes del Partido Socialista, después se pasó al Partido Comunista y el loco en plena dictadura, lo vi yo, en una camioneta por pleno 18 de Julio delatando a los que eran de izquierda, iba como si lo hubieran detenido, pero iba soplando, torturó compañeros también.