26 de Julio del 2021
Agustín Büchner Nolla
Falta avanzar en la rehabilitación en cárceles.
Las políticas de seguridad que tenemos, están mal y no funcionan dice Denisse Legrand
Serie de patrulleros de policia que se repiten al "infinito"
Foto: ©Javier Calvelo/ adhocFOTOS

Continuando con las notas sobre el "GACH de seguridad", en esta oportunidad entrevistamos a Denisse Legrand, directora de Nada Crece a la Sombra, un proyecto socioeducativo y de promoción de la salud que trabaja en cárceles.

“Desde nada crece a la sombra nos parece que es una iniciativa muy necesaria, es importante que se empiece a discutir la política penitenciaria, y la política criminal desde un lugar institucional, donde se puedan nuclear múltiples saberes. El desafío está en ver que lugar va a tener realmente este espacio, si va a ser un espacio de discusión, de construcción política y también debe ser un espacio superador a los gobierno de turno, la conformación debe integrar a múltiples visiones, para poder construir una política penitenciaria a largo plazo. Las cárceles son una deuda histórica de todos los gobiernos, el atraso en la política penitenciaria es una cosa que parece muy refundacional".

En Uruguay las políticas de seguridad están muy orientadas a la persecución penal, y en las últimas décadas la principal variable de cambio ha sido el aumento de penas. Esto ha generado como consecuencia la sobrepoblación carcelaria, y no ha tenido como contrapartida, un crecimiento de la estructura carcelaria que acompañe este proceso, dice Legrand.

Reconoce que cuando se habla de reformar la cárcel, se piensa en obras millonarias, pero no es así. Sostiene que "tenemos que repensar las rutinas carcelarias en Uruguay", actualmente las penas se cumplen en cárceles completamente deterioradas, con complejas rutinas, permeadas por al violencia. "La tasa de homicidios y suicidios supera ampliamente a la del 'afuera'", estamos ante un problema grave.

"Lo que tenemos que empezar a repensar es como cambiamos la rutina, y como la rutina de la cárcel deja de estar regida por la violencia, y pasa a estar regida por una rutina de vida que se parezca un poco más a lo que hacemos en el afuera. Básicamente es la autonomía, el trabajo, el estudio, y los mecanismos de resolución de conflicto mucho más asociados a cómo se intentan resolver los conflictos por fuera de la violencia. Hoy lo que está dado es un sistema bastante diferente.” Prima el modelo custodial, de encierro, lamentablemente".

Legrand critica que el diseño de la política carcelaria este pasando por borrar lo hecho por el gobierno anterior, rompiendo lo que funciona bien, en lugar de dedicar la atención a los problemas urgentes que tiene las cárceles, como la saturación y la conflictividad, dejando de lado modelos que supieron ser ejemplos en el mundo (como la Unidad N°6 de Punta de Rieles)

La reforma carcelaria trajo a partir del 2010 cambios, menciona algunos ejemplos como la introducción del ámbito civil en el mundo penitenciario, que "eran regidas por la policía, netamente" , la incorporación de las mujeres, desde el punto de vista laboral y de los movimientos sociales. Las iglesias tienen una actuación hace décadas en el ámbito.

Asegura que "es muy fácil ver que modelo funciona y qué modelo no, porque las tasas de conflictividad en un lugar y en otro son bien diferentes, y también es bien diferente el perfil de la persona privada de libertad (PPL) egresada". También lo que "tenemos que razonar es si vamos a seguir invirtiendo cifras millonarias a tener rutinas asociadas al conflicto, a la violencia, a las redes criminales. O si vamos a tratar de tener rutinas e inversiones asociadas a un mejor desarrollo de la vida". Lo que precisamos conseguir es mejorar la seguridad, generando menos daños en el afuera. Tiene el deseo de que "este espacio sea una oportunidad para discutir esto (...), y que de alguna manera la seguridad deje de ser un botín electoral como lo ha sido, y como ahora está un poco suspendido, producto de la pandemia, pero sin duda lo volverá a ser."

Advierte además que el combate al narcotráfico, no es perseguir el narcomenudeo, sino ir detrás de las personas que realizan el lavado de activos, analizar la ruta del dinero y "todas las cuestiones que tienen que ver con el poder", no se trata de cortar por el eslabón más débil, ni más reemplazable.

"Nadie se puede imaginar que las personas que están asociadas al narcomenudeo pueden hacer un tramite de comercio exterior, por ejemplo un despacho de aduana, todo lo que tiene que ver con una situación más compleja, que tiene que ver con la gestión de la economía ilegal". Esto genera una opinión pública positiva, porque somos punitivistas, y los asuntos asociados a la marginalidad, generan cierto goce en la persecución, pero torna muy difícil la resolución profunda del problema. 

Por último explicitó que la política de seguridad "tiene mucho de seleccionar claramente qué poblaciones, con qué objetivos, y qué recursos" se utilizan y sobre las cuales se trabaja y "por supuesto la opinión pública merece y necesita, más y mejor seguridad, pero tenemos que meternos a analizar la criminalidad, sino no lo vamos a lograr"