Trabajó años abasteciendo verdulerías y familias desde su huerta establecida en Colonia Agraciada (próxima a la Playa La Agraciada, Soriano). Un día se dijo basta, dejó el emprendimiento a los empleados (a quienes ella dice “compañeros” de trabajo), armó un equipaje ligero y partió sin desprenderse de su bicicleta. Ha recorrido diversos países y hoy está Las Palmas en Islas Canarias.
En el 2019 Vanesa Chá, 46 años, madre de dos hijos y abuela, primero se afincó en Punta del Este, descansó “unos 15 días para organizar su mundo interior. Despegarme de todo lo material”. Consiguió trabajo en casas de campo, porque ella era del medio rural y conocía ese tipo de tareas. Conoció a gente que viajaba en bicicleta y se fijó ese objetivo de recorrer el mundo en dos ruedas, tal como lo soñaba cuando veía a ciclistas en la Ruta 21 mientras ella llevaba de su huerta verduras a Nueva Palmira. No bien tuvo el pasaporte italiano partió. Hoy nos habla de su vida desde Islas Canarias, en una entrevista exclusiva con el portal Apu.uy.
El 1 de julio de 2022 salió de Montevideo en barco hasta Buenos Aires y de ahí en avión a Albania haciendo escala en Estambul. Ahí armó su bicicleta uruguaya y comenzó a hacer 80 o 90 kilómetros por día en bici, “lloraba de la emoción” (ver al final parte del viaje).
¿Ese fue el itinerario planificado?
No, lo que fue surgiendo nomás, la idea de todas maneras era ir de Albania (sureste de la península balcánica europea con costas en los mares Adriático y Jónico), a Serbia donde estaba un compañero de ruta recolectando frambuesas y quería tener esa experiencia y la hice. Después subí a los Balcanes.
¿Cómo has encarado el cambio de idiomas?
Con el traductor de Google.
¿Llevaste una bicicleta de Uruguay o compraste una en Albania?
Me fui con la bici que tenía en Palmira. En un taller en el Este me asesoraron y la equiparon. Le puse una parrilla, con alforjas a ambos lados y otra adelante. Ahí llevaba mi ropa, la carpa, el sobre de dormir, y una hamaca paraguaya. A mi casita la llevaba en la bicicleta. Me enseñaron a desarmar y armar la bicicleta y reparar pinchazos.
Me quedaba en mi carpa y si hacía buen tiempo buscaba dos árboles y me instalaba con el sobre de dormir en la hamaca paraguaya. Comía mucha fruta que encontraba en el camino. Me bañaba en duchas de playas. Desde Albania hasta Islas Canarias, la verdad que en muchos lados me daban de comer, la gente me veía en la calle y me ofrecía si necesitaba algo. Y también me surtía en supermercados.
¿Tuviste situaciones en las cuales tuviste miedo?
No. En cada lugar que estoy pienso que no me va a pasar nada. En realidad, en Italia la gente me generaba un poquito de miedo, pero después se me pasó. Desde Albania me fui a Serbia, bajé en Montenegro e hice todo Croacia, Botnia y Eslovenia.
En España dejé la bici para hacer el Camino de Santiago. Hice 475 kilómetros caminando. En 13 días llegué a la catedral. Fue una experiencia hermosa, muy personal, para agradecer todo.
¿Dónde estás ahora?
En Las Palmiras una de las Islas Canarias (sobre el Océano Atlántico, son ocho islas que pertenecen a España, están próximas a África). Hace ocho meses que estoy aquí. Comencé lavando platos en un restaurante, me fui involucrando con la cocina y ahora soy la cocinera. Estoy feliz con los compañeros de trabajo, me apoyan continuamente.
¿Te alcanza para vivir?
Sí, y me da para ahorrar. Como en el trabajo, voy en guagua (autobus), la salud es gratis y vivo en un hostal donde cada uno tiene su dormitorio y compartimos la cocina, el estar y el baño. Alquilar una vivienda sale muy caro.
Se vive bien. Lo bonito que tiene la isla es el clima, todo el año es verano y no llueve, no hay días grises. Te manejas diferente, con menos ropa a lo que exige el frío.
¿Llevaste mucho dinero desde Uruguay?
Me fui con lo que cobré en mi último trabajo en Punta del Este. Viajé económicamente, nunca me senté en un restaurante. Por necesidad, en dos o tres oportunidades me quedé en hoteles.
Mi idea era conocer lugares, disfrutarlos. Compraba lo que necesitaba en los súper, eso formaba parte de la experiencia que quería vivir.
¿La decisión de salir a recorrer el mundo fue una opción de un día para otro o muy pensada?
Necesitaba un cambio. Estuve 21 años de mi vida en la huerta en Colonia Agraciada. Fue un esfuerzo que me dio muchas satisfacciones y muchas tristezas, como bien lo sabe la gente que estuvo a mi lado. Sentí que mi cabeza quería otra cosa, que la vida no era como la estaba viviendo, mis hijos estaban criados, y necesitaba vivir de otra manera, yo también tengo una vida, me dije.
Me fui a Punta del Este en el 2019 y estuve dos años. Primero estuve en Laguna del Sauce como encargada en una estancia. Después un año y medio en una casa quinta en Punta del Este donde cocinaba, hacía la huerta, el jardín y limpiaba la piscina. En ese lapso terminé de tramitar el pasaporte italiano.
Cuando iba de mi casa a Nueva Palmira a repartir verduras (12 kms aproximadamente del campo a la ciudad), veía en la ruta a gente que salía en bicicleta, en carrito, y me encantaba. Me decía qué lindo para hacer eso, y ¡se me dio!
Cuando aterrizó el avión en Albania y empecé a armar la bicicleta se me caían las lágrimas por la emoción. Es una alegría inmensa hacer lo que se puede cuando se puede.
¿Cómo te sientes?
Muy feliz, de verdad. Siento que hace un año volví a nacer. Extraño un montón a mi familia que es maravillosa gracias a Dios, pero con la tecnología estamos cerca. Aquí me siento muy bien, como que tengo otra familia, hablamos el mismo idioma y tenemos más o menos las mismas costumbres. Encontré mi lugar en el mundo, en este momento.
Realmente estoy haciendo lo que quiero. La cocina me gusta mucho, el clima es hermoso, la gente acá siempre está de fiesta en un pueblo o en otro. Siempre tenés ánimo, es como que no te cansás nunca.
Lo que me más hago en el tiempo libre es playa, deportes, ando en bicicleta. Siento como que no trabajo, que estoy siempre de vacaciones.
No sé qué pasará mañana, tal vez la semana que viene me vaya a vivir a otro lugar y empiece otro trabajo. Mi plan es cuando reúna el dinero necesario comprar un motorhome y seguir recorriendo el mundo.
¿Hasta dónde quieres llegar?
Tengo planificado de aquí ir al puerto de Cádiz, cruzando por el medio de España, que no conozco la capital (Madrid), subir hasta San Sebastián y de ahí cruzar a Francia, hacer París, Bélgica, Países Bajos hasta Ámsterdam, la capital, y después llegar hasta Bali (Indonesia), y a la India. Posiblemente a Bali vaya ahora en las vacaciones, en mi cumpleaños (47) que es el 2 de setiembre. Ya me dieron libre en el trabajo.
¿Te imaginabas la experiencia como la estás viviendo?
La soñé desde adolescente, pero no de esta manera, disfrutándola tanto. Es un momento especial, soy abuela, tengo dos hijos, a mis padres, mi abuela, hermanos, cuñados, una familia divina, y ahora me tocó a mí disfrutar. Siento que toda mi vida me preocupé mucho por los demás y cuando salí me dije: me tocó a mí y me emociona decir eso.
¿Viajas siempre sola?
Sola y también encuentro muchos compañeros en las rutas. He encontrado gente maravillosa. Islas Canarias está compuesta por ocho islas, en vacaciones agarré mi bicicleta y crucé una a una de barco en barco, de ferry en ferry. Es hermoso, uno decide cuándo estar sola o acompañada por otras personas. En el camino se ve mucha gente como yo. Encontré una pareja de 80 o 90 años que iba acompañada creo que, por su nieto, tenían un espíritu maravilloso, me causó mucha ternura.
¿Sabías que tenías un gran potencial en cuanto a decisión y coraje?
No. Yo no me doy cuenta, la gente destaca eso de mí, el 90% de la gente a la que le cuento mi experiencia le gusta, pero no se anima.
¿No te importa lo económico?
Exactamente. Lo importante es vivir y no lo económico. Me he dado cuenta que puedo tenerlo todo y si no sé apreciarlo implica que no tengo nada.
¿Qué dices de la gente que vive siempre en la misma ciudad o en el mismo país?
Que salga de su zona de confort que es lo mejor que puede hacer, y que se guíe por su corazón, la cabeza a veces nos juega una mala pasada. Siempre se van a presentar obstáculos y lo importante es decir lo voy a hacer, y salir adelante.
Lo que hiciste fue como cambiar la pala por la bici.
(Risas) Un poco así. Me dije la huerta ya está. No puedo hablar mucho porque me emociona, fue una vida para mí la huerta y tenía que dejarla para disfrutar la vida. Lo que hacía en aquel entonces era algo insalubre para mi cabeza y para mi cuerpo.
Parte del recorrido
Algunos lugares no figuran en el detalle de su recorrido, pero a grandes rasgos, ésta es su experiencia que comparte con los lectores del portal Apu.uy
Fue tanto lo vivido este año que me parece toda una vida. El 9 de noviembre de 2019 me fui de la Huerta a Punta del Este, ahí estuve unos 15 días sin trabajar desconectándome, y en el primer hostal que estuve, me desapegué de todo lo material. Conocí a un chico que andaba en bicicleta por el mundo. Partió de su país, Colombia, y en cinco años había recorrido 48 países. Me encantó su historia, y me dije por qué no intentar yo recorrer en bicicleta.
Cuando pasó la pandemia todavía no tenía el pasaporte italiano. El 6 de junio de 2022 me llaman por el pasaporte. Cuando me lo dieron agarré mi bicicleta de toda la vida, la equipé y la puse en una caja. El 30 de junio, después de avisarle a mi familia y amigos, me fui de Punta del Este a Montevideo, de ahí en barco a Buenos Aires. En Ezeiza tomé el avión el 1 de julio de ese año y llevé la bicicleta en una caja.
En Albania saco la bici, hice 90 kilómetros el primer día, llorando de felicidad, no podía creer lo que estaba haciendo, sintiéndome feliz, muy feliz. Y ahí me fui a Tirana, la capital, donde me quedé una noche, después al otro día empecé a pedalear subiendo a Serbia donde ahí me iba a encontrar con el chico que había conocido en Uruguay en el hostal, me estaba esperando en una aldea de Serbia donde estaba recolectando frambuesas y él habló por mí y estuve recolectando frambuesas cuatro días, porque ya terminaba la zafra. Fue una experiencia muy bonita, me vi reflejada en esa familia con lo que yo hacía en Uruguay, en la huerta.
De Serbia fui a Montenegro, la costa, y empecé el camino en Petrovac, todo yendo por la costa, cuando llegue a Budva, continué por otras ciudades y tome un Ferry para llegar a Isla Silba, seguí, tomé un ferry para llegar a Pula y de ahí pedaleé hasta Italia. Hice Venecia, Pizza, Roma y San Pietro di Positano. Vuelvo a Roma tomé un Ferry a Barcelona, después del Camino de Santiago tomé un ómnibus hasta Gijón. Fui al correo y me encontré de nuevo con la bicicleta. La armé y comencé a bajar hasta Portugal con la idea de llegar a Huelva. A mitad de camino cuando salí de Portugal, siempre viajando por la costa, me quedé sin internet y sólo tenía 50 euros para viajar hasta las Islas Canarias. En la costa encuentro un restaurante grande donde vendían pescado fresco, elegías el que querías y te lo asaban en el momento. Ahí me preguntaron qué hacía, les conté y quedaron asombrados con mi experiencia en bicicleta, sola por todos lados.
Me dijeron mañana vení a las 10 que tenés trabajo acá. El corazón me explotaba de alegría, y cuando fui al otro día a trabajar me preguntaron dónde dormía, les conté que en la plaza en carpa, y me dieron una casa, agradecí mucho la luz, el agua y la ducha. Este camino me ha hecho valorar montón de cosas, un plato de comida, la ducha caliente o fría, pero poder ducharte. Tengo una enormidad de cosas para contar… Estuve tres semanas ahí, partí a Huelva definitivamente, y logré viajar hasta las Islas Canarias. Siempre estoy en contacto con la gente del restaurante. Me llamaron para que volviera a trabajar ahí, pero no, fue parte de mi experiencia, de la gente linda que me he ido encontrando en mi viaje. En la isla busqué trabajo durante 15 días hasta que encontré en el restaurante que estoy actualmente.


