En el marco de una creciente escalada de tensiones en el Caribe y tras los recientes episodios de intervención en la región, Iván Barreto analizó el papel de Cuba en la disputa geopolítica actual. Desde una mirada crítica, sostuvo que la presión de Estados Unidos combina asfixia económica, ofensiva mediática y amenazas militares, no solo para debilitar a la isla sino para desarticular su peso simbólico como referencia política en América Latina.
Durante el seminario virtual “Geopolítica en un mundo en caos”, organizado por SINTEP, el especialista del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) y Secretario General de la UJC, Iván Ernesto Barreto López, ofreció un análisis profundo sobre el lugar de Cuba en el escenario internacional actual, marcado por crecientes tensiones geopolíticas.
Barreto planteó que, si bien Cuba no ocupa un rol central desde el punto de vista estrictamente económico o energético —a diferencia de países como Venezuela o Irán—, su verdadero peso radica en el plano simbólico e ideológico. “El mayor valor que tiene Cuba es su capital simbólico para los pueblos del mundo”, sostuvo, destacando el papel histórico de la isla como referente de resistencia en América Latina y el Sur Global.
En ese sentido, explicó que la presión de Estados Unidos no responde únicamente a intereses materiales, sino a la necesidad de desarticular un modelo político alternativo que, pese a las limitaciones, sigue funcionando como referencia para movimientos populares y proyectos emancipatorios.
Durante su intervención, Barreto contextualizó la situación actual de Cuba dentro de una estrategia sostenida de asfixia económica por parte de Washington. Señaló que las sanciones, restricciones energéticas y presiones sobre terceros países buscan generar una crisis interna que facilite un cambio de régimen.
El impacto es concreto: escasez de combustible, dificultades en el funcionamiento cotidiano y tensiones económicas. Sin embargo, el especialista rechazó las narrativas que presentan a Cuba como un “Estado colapsado”. Por el contrario, subrayó la capacidad de la sociedad cubana para adaptarse y sostener niveles básicos de funcionamiento, incluso en condiciones extremas.
Uno de los ejes centrales de su exposición fue la concepción de la defensa en Cuba. Barreto explicó que el país no espera una intervención militar externa en su favor, sino que se apoya en una doctrina propia basada en la participación popular.
“Nosotros no contamos con una asistencia militar externa. Nos preparamos para defender nuestro país con una doctrina de todo el pueblo”, afirmó, en referencia a un modelo que combina estructura estatal y organización territorial para resistir eventuales agresiones.
Esta perspectiva se inscribe en una lectura más amplia del momento global, que el expositor definió como una transición geopolítica marcada por la realpolitik, donde los intereses de las grandes potencias prevalecen por sobre cualquier principio de solidaridad internacional.
Tres factores que pueden alterar el escenario
Barreto identificó tres variables clave que podrían incidir en la evolución del conflicto:
- La reacción de las potencias emergentes, como China y Rusia, frente al avance de Estados Unidos.
- La respuesta del propio pueblo estadounidense, cuya movilización podría limitar la escalada militar, como ocurrió en Vietnam.
- La capacidad de resistencia interna de Cuba, tanto en el plano social como político.
En este marco, insistió en la importancia de diferenciar entre el pueblo estadounidense y su gobierno, señalando que históricamente Cuba ha encontrado solidaridad dentro de la sociedad civil norteamericana.
Más allá del diagnóstico, la intervención de Barreto dejó una definición clara: Cuba no prevé modificar su rumbo en función de las presiones externas. “No vamos a responder a las pretensiones de Estados Unidos”, afirmó, reafirmando la voluntad de sostener el proyecto político en condiciones de soberanía.
En un escenario internacional atravesado por conflictos y disputas de poder, la isla aparece —según su análisis— no sólo como un territorio en tensión, sino como un símbolo en disputa, donde se enfrentan modelos de sociedad, formas de organización política y visiones del orden global.


