28 de Octubre del 2026
Luciana Bigliante
Derechos humanos
“Es un cambio fantástico en la postura de la justicia brasileña”: Entrevista a Jair Krischke sobre el fallo histórico contra el represor Pedro Mato Narbondo
Mato Narbondo
Mato Narbondo
Foto: Sitios de memoria

En diálogo con APU.uy, el histórico activista reflexiona sobre el fallo de la justicia brasileña contra el agente del Plan Cóndor Pedro Mato Narbondo. El valor simbólico de la sentencia, la negativa militar a abrir los archivos de la dictadura y la falta de conciencia colectiva en la sociedad brasileña.

La reciente resolución de la Corte Especial del Superior Tribunal de Justicia (STJ) de Brasil marca un antes y un después en la jurisprudencia de la región: la homologación de la sentencia de la justicia italiana (que condenó a cadena perpetua al represor uruguayo y agente del Plan Cóndor, Pedro Antonio Mato Narbondo) para que sea cumplida como 30 años de prisión efectiva en territorio brasileño.

Para analizar el alcance de este fallo inédito, los obstáculos de la Ley de Amnistía, la cooperación fronteriza y el panorama de los derechos humanos, conversamos con Jair Krischke, reconocido activista brasileño, fundador del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos (MJDH) y una de las figuras clave que impulsó esta persecución penal.

La resolución del STJ ha sido calificada como un triunfo histórico por tratarse de un represor del Plan Cóndor. Sin embargo, usted señala que hubo una particularidad procesal importante con otro expediente.

- Es necesario aclarar que en verdad hubo dos casos tratados en este paquete que la justicia italiana mandó a Brasil. Uno fue el de Robinho, el famoso jugador de fútbol, que tenía una condena en Italia a nueve años de detención por un caso de estupro. Y el otro fue el caso de Mato Narbondo.

Aquí entra el tema de la nacionalidad brasileña. Mato Narbondo nació en Rivera, fue un oficial del ejército uruguayo, un represor y un agente del Cóndor. Como la Constitución uruguaya permite la extradición de sus nacionales, él se dio cuenta de que Uruguay podría enviarlo a Italia para cumplir pena. Al revés, la Constitución de Brasil no permite la extradición de sus ciudadanos natos. Entonces, él usó un dispositivo constitucional que establece que el hijo de padre o madre brasileña nacido en el extranjero, si fija residencia en Brasil, tiene derecho a la nacionalidad. Él hizo uso de eso, se transformó en brasileño para estar tranquilo y saber que no iba a ser extraditado. Yo tengo los documentos de esto, si quieres te los mando.

Más allá del caso de Robinho, el de Mato Narbondo involucra un crimen de lesa humanidad cometido durante las dictaduras del Cono Sur. ¿Qué significa este fallo para la justicia de Brasil?

- Aclara y modifica la jurisprudencia de Brasil de una manera fantástica, porque en general la justicia brasileña no le da la más mínima importancia a esto y siempre pone sobre la mesa la ley de amnistía.

En este caso específico, en la Corte Especial del STJ (que tiene 15 miembros), una señora ministra sacó el tema de la amnistía a relucir. La votación terminó con 12 votos a favor del cumplimiento de la condena en Brasil y 3 en contra, muchos de ellos amparados en esos argumentos. Pero lo destacable es que el ministro relator, al terminar el juicio, dio una entrevista a la prensa brasileña llamando la atención de que “es tiempo de terminar con esto”, con estas alegaciones de la ley de amnistía.

Esto rompe de alguna manera con esa cosa terrible que es la impunidad. Yo siempre digo: en Brasil no hubo una transición de la dictadura a la democracia; hubo una transición, un acuerdo que garantizó la total impunidad, y es un acuerdo que sigue vigente hasta ahora. Con esta decisión, el STJ empieza a romper con eso. Y de esta decisión ya no cabe recurso que pueda cambiar la sentencia; a lo sumo, algún recurso aclaratorio para explicar mejor una parte, nada más.

Durante el debate también se discutió la prescripción y los crímenes de lesa humanidad...

- Sí, eso es muy importante. Los crímenes de lesa humanidad no prescriben. Brasil ya sufrió más de una condena en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y esto también fue materia de discusión entre los ministros. Se recordó que Brasil es signatario de la Convención Americana y que ya ha sido condenado por no cumplir con estos estándares. Se va formando así una nueva opinión entre los magistrados, que hasta ahora tenían una cultura de encubrir estos crímenes.

La defensa de Mato Narbondo solicitó el beneficio de prisión domiciliaria alegando sus 85 años y problemas de salud. ¿Cuál es la postura del MJDH?

- La ley brasileña permite que, por edad y situación de salud, se cumpla prisión domiciliaria. A mí no me gusta absolutamente. Yo creo que tienen que cumplir la condena en un penal, eso es hacer justicia. Ahora, de cualquier manera, lo fundamental es que se acepta la sentencia italiana, se sanciona a este señor y se le reconoce públicamente como un criminal. Si ahora va a cumplir domiciliaria... no me gustaría, pero es posible porque la ley lo permite. ¿Qué le vamos a hacer?

Durante años, Mato Narbondo vivió en Santana do Livramento y cruzaba libremente a Rivera para hacer trámites, como cobrar su jubilación, sin ser detenido. ¿Qué falló en la cooperación fronteriza?

- Si conoces la frontera, sabes que cruzas de un lado a otro sin ningún problema. Son dos ciudades gemelas; cruzas una calle y cambias de país, lo cual para mí es hermoso y nos ayudó a salvar a mucha gente cruzando por ahí.

Pero lo peor (lo que se debe decir) es que cuando Mato Narbondo iba a Rivera para cobrar su jubilación, tenía la protección de militares uruguayos. Tenía un comité, vamos a llamar así, de milicos que le daban protección en territorio uruguayo. Esto lo sabe todo el mundo, hasta que la situación llegó a un punto de escándalo y se tomaron providencias.

Usted ha señalado repetidamente la falta de apertura de los archivos de la dictadura en Brasil. ¿Cree que este fallo impulsará una mayor transparencia sobre el accionar de las Fuerzas Armadas en la Operación Cóndor?

-Absolutamente no. En Brasil no hay ningún archivo abierto, ninguno. Distintamente de Uruguay, donde lograron el famoso archivo Berruti, nosotros no logramos nada de eso, y no va a cambiar.

Te cuento algo significativo: cuando la Comisión Nacional de la Verdad envió oficialmente una nota a las Fuerzas Armadas para que indicaran los locales, predios y edificios del Ejército, la Marina o la Aeronáutica donde hubiera ocurrido tortura, los militares brasileños contestaron en 45 páginas que no hubo tortura en ningún predio militar de Brasil.

Fue tan indignante que un periodista brasileño, muy amigo mío y que trabajó en la comisión, se enojó tanto que sacó una nota con un título increíblemente bien puesto: ¿Quién miente? Dilma o los militares. Porque Dilma [Rousseff], en ese momento presidenta de la nación, siempre dijo que fue torturada en cuarteles, y los generales decían que no. Eso le costó el empleo a ese periodista, pero hizo lo que un periodista debe hacer: trabajar con la verdad. Los militares mienten cuando dicen que no existen archivos porque los quemaron. Las informaciones no se destruyen nunca, y ellos las tienen.

¿Existen otros represores o prófugos de las dictaduras del Cono Sur residiendo en Brasil que podrían enfrentar un proceso similar?

¡Ah, querida, acá es el nido del Cóndor! Acá en Porto Alegre vive un represor argentino, responsable de alrededor de 100 muertes de gente importante y conocida. Argentina pidió la extradición y la Suprema Corte de Brasil la negó, amparándose nuevamente en la ley de amnistía. El tipo está acá, vivo. Era policía federal argentino, una lástima. Creo que te acuerdas del coronel Manuel Cordero; trabajamos enloquecidamente y logramos su extradición, pero fue una lucha enorme. Con este argentino también luchamos mucho, pero no lo conseguimos por la misma excusa de siempre.

Tras décadas de dedicar su vida a visibilizar y perseguir los crímenes de lesa humanidad, ¿qué lectura personal hace de este dictamen en el contexto social y político de Brasil?

- Es difícil hablar de esto. Porque mirá: ahora mismo, al vencer las elecciones, Lula nos salvó de unos fascistas, es verdad. Pero este mismo Lula, cuando se cumplieron los 60 años del golpe en Brasil, siendo presidente prohibió manifestaciones. Ese es el contexto brasileño.

Acá en Brasil, lamentablemente, no hay una conciencia colectiva de lo que fue la dictadura y las violaciones de derechos humanos. Por esto yo soy un apasionado cuando participo de la Marcha del Silencio; ustedes en Uruguay tienen esa sensibilidad política y cívica de ir a la calle en apoyo a la memoria de las víctimas. Te lo digo con total honestidad: acá en Porto Alegre, si convocáramos una manifestación por la memoria de nuestros desaparecidos, aparecerían 15 personas, y estoy exagerando. Eso no cambia.

En el medio jurídico sí hay interés. Ya me invitaron de la Comisión de Derechos Humanos de nuestro Colegio de Abogados para hablar sobre el caso de Mato Narbondo en los primeros días de noviembre. En el ámbito del derecho se discute e interesa. Pero en la sociedad en general, no. Los diarios sacaron apenas pequeñas notas insignificantes, eclipsadas además por la coyuntura electoral.