31 de Julio del 2021
Alvaro Pan Cruz
Entrevista con Liliana Pertuy de CRYSOL
“Te acostumbran al miedo de a poquito, por eso hay que trabajar contra la desmemoria”
Batallón en Treinta y Tres
Foto: Sitios de Memoria - Uruguay

En 1975 un grupo de 39 estudiantes del liceo de Treinta y Tres fueron apresados por su militancia en favor de la recuperación de la Democracia. Las autoridades locales de la dictadura repararón más en su presunta ideología comunista que en el hecho de que se trataba de menores de edad. Fue por lo primero e ignorando lo segundo  que los torturaron impiadosamente.

Una crónica habitual podría comenzar diciendo que "corría el año 1975", pero en realidad todo estaba estancado por aquellos tiempos. O, al menos, había una apariencia de calma, una capa superficial que ocultaba un submundo con horrores aun inimaginables. 

El periódico El País publicó un comunicado de prensa el 30 de abril de 1975. En el mismo el Comando General del Ejército culpabilizaba a aquellos adolescentes por no cumplir con "las buenas costumbres". Los militares justificaban la detención, aunque nada decían de la tortura, en el “Marxismo: única meta de la destrucción moral”. Agregaban, a modo de argumento, que habían descubierto un campamento donde “prostituían a más de 60 jóvenes”, donde sería lógico colegir que se trataba, a su modo de ver, de una prostitución ideológica. 

En noviembre fueron finalmente liberados, aunque correspondería decir que los devolvieron a sus familias porque en realidad nunca pudieron liberarse de aquel horror. Al salir se encontraron, además, con otras novedades. Por ejemplo no podían estudiar en ninguna institución del país. Esa y otras limitaciones impuestas por el gobierno cívico-militar, provocaron que muchas familias debieran radicarse en otro departamento.

En octubre de 2011, hace casi una década, algunos de aquellos jóvenes presentaron una denuncia y en el 2017 instalaron una placa en homenaje a la resistencia de estudiantes y docentes reprimidos en aquellos años. Este 28 de julio la causa que investiga aquellos hechos tuvo una nueva instancia, después de una larga paralización. Ese día se realizó una vista ocular del cuartel por parte de alguno de aquellos menores del Liceo N° 1.

La socióloga Liliana Pertuy es una de las tres que participó de esa recorrida, otros no pudieron ir y algunos ya no están. Su relato es sorprendente, sin caer en ningún atisbo de heroicidad. Está despojado de venganza, pero no escatima compromiso, el mismo que mantuvo a lo largo de los años y que con una tozudez envidiable le permitió mantener la militancia política y realizar sus estudios universitarios.

Sin arrepentimientos por su historia personal, sin rencor, pero con un dolor resiliente afirma, sin dudarlo, que pretende que las nuevas generaciones no tengan que pasar por su experiencia, "NUNCA MÁS" afirma, y lo dice así, remarcado, como pronunciándolo en mayúsculas. Y en ese compromiso dice estar comprometida "mientras tenga fuerzas".

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